¿Cómo proceder ante un traumatismo dental en niños o adolescentes?

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Los traumatismos dentales durante la práctica deportiva constituyen una de las lesiones más frecuentes que suelen tratarse en la consulta, con multitud de opciones restauradoras en función de la afectación producida por el impacto recibido, y cuyo manejo suele generar muchas dudas por parte de padres, entrenadores, profesores y demás figuras relacionadas con el deporte en edad escolar.

Desde el punto de vista estadístico, suele haber dos picos de incidencia donde la frecuencia de sufrir este tipo de lesiones se dispara notablemente. El primero de ellos se registra en edad infantil entre los 10 y 24 meses, afectando a los dientes de leche con motivo del inicio de actividades como el gateo, o bien cuando dan los primeros pasos de forma autónoma. Este aspecto lo trataremos más profundamente en otra entrada del blog. El segundo pico de incidencia suele registrarse en torno a los 9-10 años, edad en la cual comienza la práctica deportiva mucho más enérgica y competitiva, donde los jóvenes atletas carecen además de información sobre los dispositivos de prevención (férulas deportivas, cascos, etc…). A estas edades tempranas son las niñas las que presentan estadísticamente menor índice de lesiones dentales causadas por traumatismos porque se ha comprobado que suelen hacer uso, con mayor frecuencia que los niños, de estos medios de protección. Sin embargo, conforme avanzan los años, a edades posteriores esta casuística suele equipararse, igualándose ambos sexos.

Lógicamente un traumatismo es fruto de una acción fortuita, difícil a veces de predecir y evitar pero no obstante, desde el punto de vista de la odontología deportiva, existen una serie de factores predisponentes, fácilmente identificables por el dentista en una revisión rutinaria, como son la malposición dental, presentar un maxilar muy prominente, no poder cerrar los labios por completo y sin esfuerzo en situación de reposo, perfil facial alargado normalmente asociado a deportistas que respiran principalmente por la boca en lugar de canalizar el aire exclusivamente por la nariz y un sinfín de datos más que, identificados a tiempo, pueden ayudar a planificar un tratamiento preventivo inmediato, o corrector en períodos de ausencia de competiciones deportivas, con el fin de minimizar las consecuencias negativas de estos infortunios.

 

¿Qué sucede cuando el traumatismo se produce en un diente de leche?

En líneas generales, el abordaje depende mucho de la edad del paciente y del tipo de dentición que presente en el momento del traumatismo. En otras palabras, el protocolo de tratamiento varía en función de si el afectado es un “diente de leche” (temporal) o un diente definitivo ya que la reacción del hueso de soporte y del tejido de sostén del diente es diferente en ambos casos.

Cuando el deportista es más joven y todavía no ha comenzado el recambio dental, los dientes son más pequeños y esto implica que la distribución de las fuerzas originadas por el impacto, es prácticamente absorbida por el hueso y la encía y el resultado es un desplazamiento del diente dentro de la arcada. Si bien no se descarta que pueda resultar fracturado, que también sucede, lo más frecuente es que se presenten luxaciones o cambios de posición producidas por la fractura del hueso alveolar que protege la raíz del diente y es por ello que éste cambia de posición hacia delante, lateralmente o hacia dentro, como hundido en el hueso. En estos casos de desplazamiento no se intenta recolocar en la posición original pero el dentista ha de valorar si existe algún tipo de afectación del diente definitivo, que se desarrolla en la punta de la raíz del diente temporal, que pueda condicionar un desvío en su erupción.

Cuando el diente temporal recibe un impacto sobre su eje longitudinal y se hunde por completo hasta “desaparecer” de la arcada, el diagnóstico radiográfico es fundamental y en estos casos se opta por esperar a su reerupción de forma natural. Obviamente no erupcionará en la misma posición original ya que lo normal es que lo haga de forma desviada por el propio traumatismo. Pero es necesario realizar una completa y minuciosa exploración por parte del dentista para descartar otras lesiones en tejidos blandos, como los labios o la lengua, producidas por las “astillas” o pequeños fragmentos del esmalte que, a veces, quedan incrustados dentro del propio labio, siendo necesario eliminarlos para favorecer la correcta curación del mismo.

Con el paso del tiempo el diente puede oscurecerse como mecanismo defensivo para proteger la pulpa (“nervio”) y es por ello que resultan imprescindibles los controles periódicos para evitar que ese oscurecimiento esté enmascarando una afectación pulpar que derive en una infección que comprometa al germen del diente definitivo o a cualquiera de los dientes adyacentes. En este caso, informamos a los padres sobre qué es normal y qué no, para que controlen exhaustiva y casi diariamente la encía de la zona afectada para detectar cualquier enrojecimiento o inflamación anormal, y acudir de inmediato a la consulta.

 


¿Y si el traumatismo afecta a un diente definitivo?

Cuando el traumatismo se ha producido en un diente definitivo, el tratamiento está condicionado al grado de desarrollo de la raíz. Dicho esto, cabe destacar que cuando un diente erupciona en boca, no significa que esté completamente desarrollado. El crecimiento del mismo se produce desde la corona, que es la primera en formarse, hasta que finaliza la formación de la raíz durante el período de erupción dental, e incluso con el diente ya completamente posicionado en la arcada. Este grado de formación se determina mediante una radiografía periapical en la consulta del dentista.

En dientes definitivos que están en proceso de erupción, es frecuente encontrar luxaciones o desplazamientos con respecto a la posición original, pero tampoco es descartable, de hecho sucede así en muchas ocasiones, que se produzca una fractura o rotura del propio diente, total o parcialmente, siendo importante determinar a qué tejidos, duros y blandos, afecta dicha fractura (esmalte, dentina y pulpa) y si la línea de fractura se circunscribe sólo a la corona, en qué extensión, o afecta sólo a la raíz, en qué parte de la misma. Tampoco es infrecuente encontrar lesiones combinadas que impliquen tanto a la corona como a la raíz. En algunos casos se puede comprometer incluso la viabilidad del diente, si bien se han de intentar todas las terapéuticas posibles para tratar de conservar la pieza en la arcada, más si se trata de un deportista joven o adolescente, aunque el pronóstico no sea muy halagüeño. En estos casos, una rehabilitación mediante un implante, por ejemplo, queda descartada temporalmente debido al desarrollo óseo a nivel de los maxilares.

Si el diente definitivo ha sufrido pues un desplazamiento dentro de la arcada (el caso de cuando sale totalmente fuera del alveolo merece un post explicativo aparte), tanto padres como entrenadores y profesores, dependiendo del ámbito en el que se haya producido el incidente, han de estar informados para reaccionar a pie de campo y/o acudir de inmediato a la consulta para que el dentista intente, mediante anestesia local, proceder a la recolocación en la posición original.

Si bien en los casos de intrusión, donde el resultado del traumatismo es un diente que queda más hundido dentro del hueso y la encía, esta recolocación es diferida mediante ortodoncia o quirúrgicamente, lo normal es que se espere a la reerupción espontánea y valorar radiográficamente con el paso del tiempo cómo evoluciona el tejido pulpar (“nervio”) por si fuese necesario realizar tratamientos complementarios como la desvitalización (endodoncia) para evitar el desarrollo de una infección, o bien valorar algún tipo de blanqueamiento además del propio tratamiento restaurador mediante el material de los “empastes”, o fragmentos de cerámica para adecuarnos a la elevada estética que, sobre todo en el sector anterosuperior, el paciente demanda, y que es necesario corregir para tratar de recuperar el color y la forma original para que el diente tratado pase totalmente desapercibido.


 

El factor más importante: el tiempo

Cabe destacar que desde que se produce el traumatismo hasta que el deportista acude al dentista, ha de transcurrir el menor tiempo posible ya que, aunque inicialmente la fractura no parezca muy grave, es necesario actuar mediante procedimientos protocolizados de los cuáles disponemos incluso datos estadísticos sobre evolución y pronósticos, para poder establecer un plan de tratamiento adecuado y con las menores repercusiones, estéticas y funcionales, para el paciente.

Ante todo, se ha de mantener la calma, llamar por teléfono a la consulta y tratar de explicar al personal de atención al paciente de forma pormenorizada qué ha sucedido, con el fin de reorganizar la agenda y tratar el caso como uno de máxima prioridad. De este modo el doctor, y todo su equipo auxiliar, pueden prever el tiempo y los materiales necesarios para actuar de inmediato cuando el paciente llegue a la consulta. Con los actuales smartphones es incluso mucho más fácil el envío instantáneo de imágenes por parte del paciente, o cualquier persona de su entorno, para aportar al dentista una información gráfica muy valiosa.

 

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Dr. Manuel Máiquez Gosálvez DDS PhD

Secretario Académico del Grado en Odontología
Profesor de Odontología y Deporte
UCAM Universidad Católica San Antonio de Murcia
Campus de los Jerónimos Nº 135
Guadalupe 30107 (Murcia) - España